La prueba PISA nuevamente ofrece desafíos para el pensamiento crítico y la libertad.

La lectura presenta el retroceso más pronunciado; las matemáticas también acumulan pérdidas, mientras las ciencias han resistido mejor. Criticar la prueba PISA es relativamente fácil: cualquier instrumento de evaluación es perfectible. Pero sus límites no vuelven irrelevante lo que exhibe.

10/16/20263 min read

a building with a lot of windows
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El pensamiento crítico como asunto de libertad

La prueba PISA nuevamente ofrece desafíos para el pensamiento crítico y la libertad. La lectura presenta el retroceso más pronunciado; las matemáticas también acumulan pérdidas, mientras las ciencias han resistido mejor. Criticar la prueba PISA es relativamente fácil: cualquier instrumento de evaluación es perfectible. Pero sus límites no vuelven irrelevante lo que exhibe.

Leer bien no es una destreza técnica. Es la condición para distinguir un argumento de una consigna, una fuente de un rumor, un dato de una opinión. Quien no comprende lo que lee depende de que otros lo interpreten por él. Quien no maneja el razonamiento matemático básico queda a merced de cualquier porcentaje presentado con aplomo. Y quien no entiende un concepto científico simple tiene menos herramientas para decidir sobre su salud, su dinero o su voto. Por eso el rezago educativo es también un rezago de libertad: se puede votar, opinar y elegir, pero con menos recursos para hacerlo de manera autónoma.

Por eso preocupa que la lectura sea el área donde el deterioro resulta más persistente. En una época saturada de pantallas, mensajes breves y contenidos diseñados para captar la atención, la lectura sostenida es la práctica que entrena la paciencia, la duda y la capacidad de seguir un razonamiento largo. Si esa práctica se debilita en las aulas, el costo se paga fuera de ellas, en el debate público y en la calidad de las decisiones colectivas.

Qué hacer con una mala noticia

La tentación de cada edición es debatir quién tiene la culpa: el gobierno actual, los anteriores, la pandemia, los celulares, la prueba misma. Esa discusión rara vez termina, y mientras dura nadie atiende lo urgente.

Tres tareas parecen más útiles. La primera es medir con continuidad: si los instrumentos cambian cada sexenio, no se sabrá qué funciona. La segunda es poner la lectura en el centro, con tiempo real de lectura en el aula, bibliotecas que se usen y maestros formados para enseñar a comprender, no solo a decodificar. La tercera es mirar a los que están en el fondo de la distribución, porque ahí se concentra el rezago y ahí se decide si la ampliación de la cobertura escolar significó aprendizaje o solo asistencia.

PISA no es un oráculo. Es un espejo imperfecto, con el marco torcido y alguna mancha en el vidrio. Pero lo que refleja es reconocible, y mirar hacia otro lado no cambia la imagen. Una sociedad que aspira a pensar críticamente y a decidir con libertad no puede darse el lujo de discutir el espejo mientras el rostro se deteriora.

Lo que muestran los números

La lectura merece atención especial. México no cae de golpe: lleva más de una década cediendo terreno. El mejor puntaje del país en esta materia, 425 puntos, se consiguió en 2009, y desde entonces se registra un descenso constante hasta llegar a 408 en 2025. Un descenso así no parece un accidente estadístico. Se parece más a una erosión lenta de la capacidad de comprender, relacionar y razonar con un texto.

Las matemáticas también acumulan pérdidas. Frente a 2022, retrocedieron siete puntos, de 395 a 388, y según la OCDE ese es el único cambio estadísticamente significativo de esta edición. Visto en una ventana más larga, la caída respecto de 2015 es de 22 puntos en matemáticas y 15 en lectura, mientras que ciencias registra un descenso menor, de cinco. Las ciencias, en cambio, han resistido mejor: se han mantenido estables a lo largo de todas las evaluaciones, con fluctuaciones pequeñas y no significativas.

El dato más incómodo no es un promedio, sino una proporción: 41.8% de los estudiantes mexicanos quedó por debajo del nivel básico en matemáticas, lectura y ciencias a la vez. En la OCDE esa cifra es de 19.7%. Casi cuatro de cada diez jóvenes de quince años terminan la secundaria sin las habilidades mínimas en ninguna de las tres áreas.

empty chairs in theater
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La prueba que preferimos no mirar

Cada vez que la OCDE publica los resultados de PISA se repite un ritual. Primero llegan los titulares alarmados. Después llegan los matices: la prueba no mide todo, no es justa con todos los contextos, no captura lo que de verdad importa. Y al final, cuando el ruido baja, casi nada cambia en las aulas.

Este año el ritual volvió a cumplirse. México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias, frente a promedios de la OCDE de 482, 461 y 463 puntos, respectivamente. La distancia con el promedio es de decenas de puntos en cada área. Cuando una brecha es tan grande, la discusión sobre el método llega tarde.

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